domingo, 19 de febrero de 2017

De cajeros, piojos, periódicos e iglesias.

Esta tarde me iba al Club a leer el periódico. El club es un reducto del pasado donde, en un gran salón de gruesas alfombras y arañas colgantes, dormitan, hibernando, dos o tres ancianos desde el principio de los tiempos en sillones de cuero gastado.

Ah, pero ya que voy, me indica mi paciente esposa que realice algunas ligera tareas (peaje que hay que pagar por quitarse de enmedio por la cara): ir a la farmacia de 24 horas de la esquina e ingresar un dinero en el cajero.

Pido el ZZ para los piojos de mis hijos. La manceba me indica que puede ser algo agresivo para el cuero cabelludo. Le agradezco la atención pero respondo que eso es lo que ha dicho mi mujer y que prefiero la agresión capilar a la reconvención conyugal. Además sé que el cuero cabelludo de mis hijos debe estar a prueba de bombas, como lo están los parásitos de hoy día, que se han vuelto resistentes, resilientes que diríamos ahora, y no hay quien los aniquile.

Vuelvo y le dejo el producto y la vuelta en el ascensor. Mientras estoy en el cajero me llama para indicarme que me han dado la mitad del cambio y me faltan 10 euros. No te preocupes le digo, que lo de ahora es peor, la máquina se ha tragado 160 euros y la tarjeta y me indica en la pantalla que ha habido un atasco, literal lo de atasco. ¿Pero que has hecho?- me dice. ¡Yooo, nada!- contesto. Y es cierto, aunque no me cree del todo. El cajero sigue haciendo ruidos extraños.
Espera, no cuelgues- digo, y de pronto regurgita los billetes doblados y arrugados, como procedentes del rumen de un bóvido.
¡Uff!
Vuelvo a la farmacia. Mientras atiende a otros parroquianos le digo a la chica que me faltan 10 euros del ZZ.
-Es lo que  me ha dicho mi mujer- medio me disculpo.
Debe pensar que soy un imbécil y la verdad que lo parezco, será por ello que saca los diez euretes de la registradora y me lo entrega sin rechistar, creo que como diciendo para sí: que se vaya ya este memo.

Por fin llego al Círculo y me arrellano en el sillón del bar donde me leo el periódico de cabo a rabo. Varias damas charlan en un rincón, un señor mayor, con chaqueta de tweed, jersey y corbata de lana, (hoy domingo) como escapado del Country Life magazine, lee sobre la mesa de fieltro verde, donde se desparraman los periódicos, varios ujieres pululan silenciosamente haciendo no se sabe qué y uno imbuido de la sacralidad ambiente pasa las hojas con ceremonia mientras se escucha el tic-tac del reloj de pared.
Salgo y me acerco a la iglesia de la Magdalena. Quería deleitarme con el magnifico aparato que montan en el altar mayor del antiguo convento dominico para la función solemne de la Hermandad del Calvario. No sé si en otras partes se conserva ese fastuoso escenario, preconciliar, con más de doscientos cirios de cera virgen, en simétricas pirámides, en cuyo culmen se haya la escultura esplendida del Cristo de Ocampo que resalta, con su encarnadura tenue, violácea, lírica y moribunda, sobre un ascua de luz y candelas.

Regreso lentamente a casa por unas calles vacías.
Ya no hace el frío de invierno aunque es de noche.

Los pequeños tienen unas bolsas en la cabeza, como gorros de ducha, para ser desparasitados y potenciar los efectos del ZZ sobre sus cueros cabelludos.

Hago cinco tortillas francesas, con jamón y queso, mientras Reyes prepara las cien mil cosas necesarias para el comienzo de la semana. Pilar termina de estudiarse un examen de religión.
Y ahora ya están todos acostados, menos el mayor.

Silencio. Paz de domingo noche.





viernes, 10 de febrero de 2017

El hombro sanador


Como lleva un rato llorando sin que nadie le haga caso, finalmente me levanto del sofá y me acerco a ella.

A ver qué te ha pasado- y la abrazo. Llora sobre mi hombro.

Que como estaba aburrida- dice entre hipidos- me he puesto a dar vueltas en el salón y…

¡¡Haciendo el tonto!! - Se escucha a su hermano desde lejos, inmisericorde y tajante, como un Savonarola.

Y me he chocado con la puerta- continua- y me he dado aquí en la cabeza y después me he caído- y se toca el cráneo dolorida.

Yo le doy besos en el sitio exacto.

Bueno, bueno, ya está- la reconforto- Cada vez que quieras llorar aquí tienes mi hombro, tú no te preocupes- Ahora se ríe entre las lágrimas. Bueno para reír este otro y  le señalo el contrario.

Pienso que qué bueno eso de tener un hombro cerca y qué fácil para los niños…

Mientras, su hermano, el gran inquisidor, mueve la cabeza en señal de reconvención ante tantas blanduras y contemplaciones.


viernes, 27 de enero de 2017

VELÁZQUEZ Y MURILLO Y VI


Joven mendigo. 1648. B. E. Murillo. Louvre

Dos jóvenes a la mesa. H.1622. Velázquez. Wellington collection en Apsley House. Londres

Tres muchachos. H.1670. B. E. Murillo. Dulwich Picture Gallery. Londres

Es la ciudad una nueva Babilonia que congrega los despojos de tanto fasto: los huérfanos, los pobres, los menesterosos...
Y el franciscano Martínez de Mata clama contra tanto dolor y tanto abandono en su memorial de la despoblación y pobreza de España y su remedio.
Esclavos, mendigos, ladronzuelos, hambrientos, se dan cita en el Arenal y recogen las migajas del gran festín del río de oro que llega desde allende el océano.
Aprovechad ahora que no está el amo y rebañad las sobras de la mesa del noble.
Oh, picaros guzmanes, oh, lazarillos destinados al hampa y a la mala vida. Reíd ahora que la inocencia aun es vuestra, jugad si podéis a la vera del río y que la vida adulta, que viene a aprisionaros con sus lazos, os sea leve…


jueves, 26 de enero de 2017

VELÁZQUEZ Y MURILLO V

Infanta Margarita de blanco. Velázquez. 1656. Museo de  Historia del Arte. Viena. 


Esta obra es de una genialidad inigulable. Aquí se ve la mano maestra de Velázquez, su pincelada suelta frente a la detallista y densa de su primera etapa. Se trata de un pintor que se adelanta a su época, que ya ha conocido a Rubens, ha viajado a Italia y ha derivado a un estilo propio. El uso de esos brochazos últimos sobre las telas, que otorgan la calidad de las texturas, impresionistas... fijaos en el brillo de las sedas, de los cabellos dorados, las manos... la mirada, dentro del hieratismo que se le exige como persona real, con un dejo de ternura infantil. Es una obra alucinante. Todo Velázquez lo es. Conmueve y es aleccionador pensar en esta niña que será enterrada con poco más de veinte años en los Capuchinos de Viena, con ese rito impresionante que hasta hoy rige, (¿Quién desea entrar?, el cuerpo aquí, el corazón acullá) y cuya tumba la gente hoy visita por ser la protagonista de las Meninas:


La pobre de la infanta Margarita
se ha puesto su traje mas lucido
tan joven y ya tiene marido
y posa callada, quitecita

De infanta a emperatriz de Austria
tiene labrado su destino
el genio la dibuja con atino
ella se sacrifica por su patria

Oh, pobre infantita de España
del protocolo estas hecha prisionera
tu cárcel aunque es de plata y seda
no deja de ser tela de araña

Oh, reina, que joven nos dejaste
pero el arte del pintor será tu gloria
quién te diría que pasas a la historia
por la mano maestra de Velázquez

miércoles, 25 de enero de 2017

VELÁZQUEZ Y MURILLO IV

Inmaculadas


Inmaculada Concepción. Murillo. 1670. Nelson Atkins Museum. Kansas City. EE.UU.

Inmaculada Concepción. Velázquez. 1618. National Gallery. Londres.

Inmaculada Concepción. Velázquez. 1617. Fundación Focus. Sevilla

Bendita sea tu pureza, María. Hasta la última gota de nuestra sangre derramaremos por defender tu Dogma, aunque le pese a Molina y a los frailes del Regina.

Y sobre la Giralda, celeste como el cielo de Sevilla, tremolante, una bandera.

Las campanas de toda la Ciudad, desde las 24 de la alta torre hasta la humilde del convento recóndito, resuenan
Todo el mundo en general, a voces, Reina Escogida…


El pintor de la Verdad, pinta a su novia con la mirada baja y las manos recogidas y Murillo dulcifica su figura que, vaporosa y sutil, se eleva entre los ángeles, entre nubes doradas y alados niños, como sus propios hijos que aun infantes*, han subido al cielo para sostener la peana de María Inmaculada de Sevilla


* Murillo perdió cuatro de sus hijos en la peste de 1649

martes, 24 de enero de 2017

VELÁZQUEZ Y MURILLO III


La Sagrada Familia del pajarito. B.E. Murillo. H. 1650. Prado


En la intimidad de la casa, en la paz umbrosa del taller, el niño ha interrumpido al padre que ha dejado en un rincón los trastos de carpintero, la sierra, el escoplo, la garlopa…
Un perrillo faldero le persigue, y él aprisiona un pájaro en sus manos. Estaba herido, con el ala rota, y temblando. Se ha caído del tejado. ¡Corre, Jesús, corre a los brazos de tu padre!
Un padre siempre es omnipotente, es el refugio.

José ríe, lo acoge en el regazo. El perro se acerca y ladra. Jesús se empina y levanta el brazo.

María está devanando el hilo y guarda todas estas cosas en su corazón, estos momentos dulces de infancia que no vuelven. Serena, aparta la mirada de la labor y sonríe a su vez. 
Un soplo de aire refresca la estancia, un soplo del Espíritu, que mueve la madeja y el hilo de la devanadera
Sobre la cesta, plegado, un lienzo blanco que María teje y reserva con delicada tristeza. Aún no lo sabe pero recogerá, mañana, la imagen púrpura de ese niño que hoy juega

El perro huye finalmente. Y Jesús muestra al padre el pájaro, que ¡oh, ya no está herido! y escapa volando, revoloteando con gracia entre los tejados.

Los tres, risueños, miran al través de la ventana como se aleja… ay, sobre un monte.

lunes, 23 de enero de 2017

VELÁZQUEZ Y MURILLO II

Autorretrato. B.E. Murillo. H. 1660. Frick Colection. Manhattan. Nueva York
No soy pintor, soy un poeta de las líneas y las formas, acólito de Clío, un intelectual del color y las figuras, de la proporción y la perspectiva. Imito con mi arte, que es liberal, nada en él hay de servil y mecánico, mas todo en él es libre y noble, todas las cosas imitables del arte y la imaginación. Soy el fundador de la Academia Hispalense, el amigo de canónigos y altos dignatarios.

Tengo un prestigio bien ganado en mi Ciudad, que es centro del orbe, y como un noble romano, como una efigie tallada en los tondos de los arcos triunfales, en una medalla que se acuña para recuerdos postreros, yo me retrato aquí, con la dignidad de un artista, de todo artista, que ayudamos a Dios a crear de la nada.

No es servil nuestro oficio que es altísimo y elevado.

Con mis ropajes sobrios y elegantes, oscuros, con la camisa blanca y mangas acuchilladas, visto como un caballero, como un señor que solo sirve al arte y a las musas, que deja su legado al mundo y a todos vosotros que hoy miráis…